EL MISMO SEGUNDO

En ese mismo segundo
en el que para mí la vida es anodina
o ni siquiera recuerdo
en qué mierda pensaba
o qué sentimientos experimentaba mi espíritu,
cuánta gente comienza a respirar
abriendo sus pulmones vírgenes,
exhala el último aliento como el cisne interpreta
su más bello y triste canto.

Tal vez es un proyecto
el que surge de las profundidades
de una voluntad férrea
o voluble o inquieta,
que determinará su victoria
o fracaso o reconversión
como una estrella fugaz
o pertinaz
o solo mortal.

Las permutaciones vivibles
son seguramente infinitas,
pero mi caletre no alcanza
a procesarlas en conjunto,
como tormenta en armónico e irregular chaparrón,
sino una a una, gota a gota sucesivas,
como nos llueve encima sin pausa,
bajo el árbol que guarece.

Cuando no comprendo nada,
prefiero esconderme
de mi sombra
en mi propio bolsillo
y hacerme reversible sin saber jamás
cuál es la piel verdadera
y cuál el relleno vacío.

Cuando subo hasta la copa
del carvallo sagrado de mi infancia
en escalera de mano,
me agarro a sus peldaños labrados por mi abuelo,
y entonces sí disfruto de mi doble yo,
allí, funámbulo en el trapecio de la vida.
Lo malo es que no puedo leer la página
que nunca llegué a escribir.

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PRESENCIA REMOLIDA

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Monstruo hecho de cachitos de metralla fogueada a discreción,
se me evapora la sangre viéndote sentada sobre la movediza arena,
flotando sin hundirte, ajena al torbellino del cambio de blasier
roto por las costuras como un prêt à porter de Picapiedra.

Quiero que te diluyas uniforme en el remolino del lavabo
y me digas adiós quedándote a cenar las noches negras,
descosiendo tu postura con puntadas de incoherencia suma
como asume hoy el mundanal la moda de pacer en plena guerra.

Retuércete la cara en un pellizco mortal que te arranque sangre
y no te deje más gesto que un muñón que salude, en primavera,
al invierno cuando ya no se pueda dar forma de muñeco a la nieve,
y todos los martirios de la sociedad salden su vida en la hoguera.

Cosido manido,
zurcido de mierda,
no te liga el huevo,
ingrediente deforme.

 

 

CAMINANTE DE NIEBLA

http://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/3/35/Into_the_mist.jpg
Baja de las montañas arrastrándose como una sierpe
y me invade entera lamiéndome los calcetines blancos
hasta llegar al cerebro, que seca sorbiendo.
Esta puta niebla.

Enlazo con escarlata al tentar su rojo al fin del filme,
alargo los dedos mientras les queden yemas,
toso, como todo tuberculoso, rayos de luna fulgurantes
y sigo perdiendo la cabeza bajo un tren que muere de vapor.
Rodeada por la niebla.

Camino desnortada y aburrida, aterida y oxidada,
renqueando a una salida difusa pero existente,
escondida en la mariola del patio,
entre el suelo y el cielo.
Rayuela de niebla.

Hasta que dentro del blanco te toco y ahí estás,
entonando tus ilusiones, desplegando muchas velas
en barcos que nunca creyeron tenerlas, mucho menos, navegar.
Y eres tú quien les da fuerza.
Borraxeira.

PERDEDORA

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Había una vez una princesa
que conoció el mundo en páginas,
y cuando llegó la hora
de encarnarlas en vida,
el cuento terminó.

Olvidó lo que un día supo,
supo que jamás había aprendido nada,
que solo era un contenedor de comienzos,
incapaz de mantener sus propios sueños.

Hibernaba mientras no sentía,
vegetaba sin flores, paralizaba su savia
intentando mantener su belleza exterior,
en tanto la interior se convertía en CO2
que la intoxicaba.

Tenía miedo a mirarse al espejo y no verse,
o verse desaparecer
diluyéndose en el Harpic del lavabo.
¿Qué fue? ¿Que qué iba a ser?
No lo recordaba porque su futuro se truncó.

Las lágrimas de lejía resbalaban
por la nada de su cara.
No tenía porvenir.

Era absolutamente pasado
y el hoy consistía en un simple
restar de días insoportable.

Invirtió en su futuro
derrochando su presente
y perdió.

PUNKDERETA

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Escribiendo con las tripas

no temo manchar el parqué,

ni asustar a ningún juez

con los ayes de mi risa.

Tataratiro…

No temo, sino que anhelo
abrirme en canal vomitando
palabras de desencanto,
sonajas que corten sueños.

Tataratiro…

Si afilo mi pandereta
en un repiqueteo impar,
nadie me podrá abortar
este espíritu de guerrera.

Tataratiro…

Y me armaré de cantigas
rimadas a sangre y a ritmo,
borrachas de vida y de vino,
encendidas, nunca sumisas.

Tataratiro…

Pues para silencio, la muerte;
para quitar voluntad, vacío;
para purgar memorias, olvido;
pero, para el camino, puentes.

Tataratiro…

Suena fuerte, mi pellejo,
retumba a la madrugada
yergue conciencias sedadas
degüella reinas de espejo.

Tataratiro…

 

Punto G

Gorgonas grises gozan a gritos
gracias al glande guisante Gargantúa,
el genuino genio gitano
sin guita ni guión
ni guarida guarecida,
que guitarrea guerrero
grabando gota a gota
la glosa del gemido,
el grumo del glamuroso gozne
glúcido y genésico.

Golpe de galerna
en el grueso gesto garrido,
en la gorguera de la glotis gorgoteante,
galanteas de la giba a la guantera
sin ginebra en las gachas.
Guárdate de las guindas glaucas:
glotonea.

 Gusano que gateas
cual Galaaz gladiaba en Gotham,
y goleas glorias
al Goliat garnacho del Gólgota:
Glíglico, a go-go;
gas, al gaznate;
greguerías por gramos,
pero gánate el galope del garañón a gusto
y gorjea, gorrión,
tu golosina en el gineceo.