LA MOSCA Y YO


Dormimos juntas,
la mosca y yo.
Nos retamos
en el silencio rítmico
que deja Korsakov,
en igualdad,
en negrura,
en vómito negro
de ojos caleidoscópicos.
Y no nos sinceramos
la una con la otra.
Ella vuela atrapada
en mi estructura
cual el destino escrito,
perpetrado por sus alas.
Y yo envidio su inconsciencia,
solo la simplicidad
de ser siendo algo vivo,
que se posa sin reposo,
que no piensa en ser presa
de mi apatía díptera.

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