ECHANDO EL HUMO

No supe bien cómo cogí aquella ola:
la que te salpica de liberación
de los insunos vampíricos;
la que rompe eslabones de humo
con os concatenadas a tu glotis;
la que ceba Estados despiadados
criados a tus pechos de nicotina.

No supe jamás cómo cogí la fuerza
para abstenerme de ser zombi aspirante,
para dejar de arrasar pulmón a cuajos
en cada bocanada patrocinada de nada
con música de Winston o Malboro al fondo.
Esclavo succionador de aquella publicidad
de bocas rojas aureoladas de nubes tóxicas,
de palabras tostadas evocadoras
de calor, de color, de tabaquismo chic.
Marketing prohijador en los setenta
de grandes cías de enorme letra pequeña
que crecieron a tu sombra cadavérica
como un cáncer salvaje de garganta
se empodera de tu tórax necesitado.

No supe tampoco cómo volví a caer
en las redes grises de sus ataduras
y, habiendo estado al otro lado del río negro,
he regresado a la orilla de los ahogados
nadando por mi propio pie,
respirando espumarajos.
Los riesgos son ahora más abismales,
la física de la edad no se alía con mis canas,
mas tanto la carne débil como la leonina
se asa sobre las mismas ascuas grises
del vicio de aspirar y ser falsamente feliz
echando el humo por la nariz.

Ven al mundo del sabor

Ven al mundo del sabor

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