Cómo salieron a la luz las tarjetas negras de Caja Madrid: #LaCiudadaníaLoHizo (*actualizado el 10-10-2014)

Cómo salieron a la luz las tarjetas negras de Caja Madrid: #LaCiudadaníaLoHizo (*actualizado el 10-10-2014).

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DRAMÁTICO ESCARNIO

En un paraíso asolado
una vieja robaba nabos
para sus nietos deshauciados
que ya ni tenían zapatos.
Saltó las verjas del campo,
otrora vergel sembrado,
y hundió dedos acerados
en el sustento del ganado.
Un silbido atronó el espacio,
un foco deslumbró su llanto:
rodeada de funcionarios
que ladrona la están llamando.
La abuela perderá las manos
de un solo y justiciero hachazo
para que el pueblo mutilado
lama la mano de su amo.
Resuenan de todos los palcos
fuertes, estruendosos aplausos:
de la vieja, el último acto
ha sido el de servir de escarnio.

LA MOSCA Y YO


Dormimos juntas,
la mosca y yo.
Nos retamos
en el silencio rítmico
que deja Korsakov,
en igualdad,
en negrura,
en vómito negro
de ojos caleidoscópicos.
Y no nos sinceramos
la una con la otra.
Ella vuela atrapada
en mi estructura
cual el destino escrito,
perpetrado por sus alas.
Y yo envidio su inconsciencia,
solo la simplicidad
de ser siendo algo vivo,
que se posa sin reposo,
que no piensa en ser presa
de mi apatía díptera.

ECHANDO EL HUMO

No supe bien cómo cogí aquella ola:
la que te salpica de liberación
de los insunos vampíricos;
la que rompe eslabones de humo
con os concatenadas a tu glotis;
la que ceba Estados despiadados
criados a tus pechos de nicotina.

No supe jamás cómo cogí la fuerza
para abstenerme de ser zombi aspirante,
para dejar de arrasar pulmón a cuajos
en cada bocanada patrocinada de nada
con música de Winston o Malboro al fondo.
Esclavo succionador de aquella publicidad
de bocas rojas aureoladas de nubes tóxicas,
de palabras tostadas evocadoras
de calor, de color, de tabaquismo chic.
Marketing prohijador en los setenta
de grandes cías de enorme letra pequeña
que crecieron a tu sombra cadavérica
como un cáncer salvaje de garganta
se empodera de tu tórax necesitado.

No supe tampoco cómo volví a caer
en las redes grises de sus ataduras
y, habiendo estado al otro lado del río negro,
he regresado a la orilla de los ahogados
nadando por mi propio pie,
respirando espumarajos.
Los riesgos son ahora más abismales,
la física de la edad no se alía con mis canas,
mas tanto la carne débil como la leonina
se asa sobre las mismas ascuas grises
del vicio de aspirar y ser falsamente feliz
echando el humo por la nariz.

Ven al mundo del sabor

Ven al mundo del sabor

REINVENCIÓN

Reinventarte es llegar a los cuarenta y cinco,
romper los títulos acumulados,
semiolvidados, así como la experiencia,
e ilusionarte por comenzar de cero
en la nada.
Con dos cojones.

Reinventarte es ir pariendo los hijos y los amores
como pare la cierva,
entre trampa y trampa,
entre disparo y disparo,
comiéndote la placenta de un solo bocado
para no dejar rastros,
aunque seas una irremediable vegetariana.

Reinventarte es seguir dedicándote al oficio
contra viento y marea,
aunque se te muera el primer anciano que cuidas,
aunque te salpique el primer pañal que cambias,
aunque se machee sin remedio
la primera marihuana que cultivas.

Reinventarte es sobrevivir a una enfermedad grave
y aprender a respetarte,
dejar al marido de hace veinte años
porque ya no te provoca nunca
el calambrazo que antes te daba al mirarlo,
y dejarse acompañar por la negra soledad,
que es muy cruel,
pero jamás está harta de nosotros.image

GUITARRAS HUERAS

Podredumbre me rodea,

siento el bufido fétido de una fiera

desgarrando con sus fauces infectas

mi ilusión de ser guerrera.

De superar con récords esta vida de mierda,

el querer y no querer llegar a vieja,

el enterrarme en mi jardín verde de hierba

y soñar que soy de agua y de madera

como un árbol rodeado de tristeza

enraizando injertado entre mis venas.

Quiero querer ser fuerte como tú, entera,

de una sola pieza forjada, nada de muescas,

mas soy endeble como una guitarra de tela,

rasgada sin rasguear las cuerdas huecas,

amarga como el tequila que apuró Chavela.

NO HAY MÁS LEÑA QUE LA QUE ARDE

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Te rompo el alma, que es la mía,
periódicamente, y me río
lanzándome a la deriva sin salida
de una vida que gozo colgando en vilo.

Selva que por mí respiras,
hojas que de verde me tatuáis la sangre,
muertos yacéis bajo mi ira
y ni lágrimas lloro para lavarme.

El pecado de prender siempre la pira
es un oscuro deseo cobarde
que vomito en negro, en humo, en tripas,
que desuella párpados en vinagre.

Y así sufre el monte mi malicia,
penuria de futuro ajado en mil partes,
lo que era brote y asomó ceniza
que ya ni vuela ni asciende por los aires.

Qué vergüenza que no tenga Galicia
más bosque que el que arde.